Septiembre

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Esta mañana huele a septiembre, el sonido de los coches, el olor del aire, esta extraña avenida apenas transitada… Y todo me recuerda a ti. A aquellas mañanas en las que iba a buscarte aunque sabía que no estabas. A los días en los que pasé por los lugares donde quedábamos para ver a la gente pasar e imaginar sus historias; cuando todavía se escuchaba el eco de tu risa, cuando no había decidido olvidarte.

Recuerdo el olor de aquellos papeles de colores en los que escribía desamores e infelicidades. Preñados de líneas tachadas y versos a medias, ¿recuerdas? Aún me parece verte hacer aviones con ellos y tirarlos por la ventana: “¡mira cómo vuelan!, ¡mira cómo se alejan de ti! Sonríe, que ya se han ido”. Recuerdo tu voz y sé que reías, pero no soy capaz de ver tu rostro, el tiempo lo ha borrado.

Es tan temprano que casi puedo escuchar el sonido de los pasos en los pasillos de la Universidad, el murmullo de las voces aún dormidas esperando al profesor de Cálculo. Ha pasado mucho tiempo desde que miraba por la cristalera de la cafetería los coches del puente mientras escribía aquella carta; y el recuerdo viene a golpearme con tanta realidad como la luz de este sol que ya no ilumina tu sonrisa. 5038 veces ha salido sin hacerlo, pero aún no he olvidado cómo lo hacía.

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