Escombros

EscombrosRecuerdo cuando el padre de Lucas los llevó su casa. Ella llegaba tarde, pero no importaba; aquella noche de julio hacía calor y apenas se iba a poder dormir. Bajaron del coche y corrieron a la intimidad que les brindaba el portal de aquel viejo bloque de pisos.

—Mi padre espera, pero tengo que besarte, no puedo evitarlo—. Había esperado mucho ese primer beso, desde que la vio por primera vez apoyada en la tapia del colegio esperando a que la recogieran. En aquel momento supo que algún día el tiempo se detendría y sería para ellos dos; con la seguridad que tienen los niños sobre el futuro. Seis años después, cuando casi rozaban la mayoría de edad, se estaba cumpliendo aquel sueño.

—Hazlo— dijo ella casi susurrando. — ¿A qué esperas?

Una voz en la cabeza de Lucas gritaba algo, pero no podía escucharla porque los latidos de su corazón lo ensordecían todo. ¿O tal vez eran los de ella? No lo sabía, pero no importaba. Sus labios empezaron a acercarse mientras sus cuerpos se rozaban y se estremecían.

Nunca llegaron a besarse, porque un gran estruendo sacudió la calle, empujando a Lucas contra aquel pequeño cuerpo tembloroso. Así, lo último que sintieron fue cómo sus tiernos cuerpos, inundados de dulzura, se fundían en uno solo entre el humo y los escombros.

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