Tu Nombre

En la barra de un bar

Para sentarse en aquella barra había que tener, al menos, dos motivos y uno, a la fuerza, tenía que ser un nombre de mujer. Y allí pasaban las horas, entre el humo, la derrota y el bourbon. Recordando tantas excusas… Llamar distancia a la falta de deseo, usar la palabra platónico para camuflar la cobardía. Esos que hablaban de imposible porque no fueron capaces o los que se quedaron con la duda eterna por temor a la respuesta. Los que miden el amor en tiempo en lugar de en suspiros y el tiempo en minutos, jamás en pulsaciones. ¡Vaya compañía en aquellas terribles noches! Tantos que iban de cuerdos cuando la peor locura es parecer demasiado sensato.

Me daban tanta pena que sólo podía reírme mientras llegaba algún motivo para llorar de verdad, como tu nombre. Ahora me siento y bebo sin más. No es una cuestión de nostalgia o de tristeza, ni de tu nombre, ni de esas putas luces. Es, simplemente que, respecto a olvidar, yo, a diferencia del resto, ya me he dado por vencido.

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